Filipinas, la tierra humana.

Los paisajes de este lugar eran alucinantes, pero las personas y su bondad, fue lo que realmente nos llegó adentro. 

En cada paso, una sonrisa, un abrazo desconocido, la buena voluntad de ayudarnos y la generosidad de ofrecernos lo que tenían. 

Que va, no querían nada a cambio. Sólo ser los mejores embajadores de su tierra, contagiarnos de su buena energía. 

Lo consiguieron. Sus miradas y sonrisas, son ahora un recuerdo imborrable. Hemos aprendido tanto... Nuestra sociedad se ha vuelto egoísta, desconfiada y torpe. 

Gracias Filipinas. Gracias por enseñarnos lo que habíamos olvidado, gracias por esta lección de humanidad. Desde ahora y para siempre, Filipinas la tierra humana.

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© 2019, Maru Cabrera